Monday, September 04, 2006

ELMORE: ¿PASTANDO CON LA VACA?

Ciudad desmoronada
Peter Elmore. El fondo de las aguas. Lima: Peisa, 2006. 264 pp.

Santiago Urbay, insomne sin sosiego, ex profesor de matemáticas, redactor free lance de ejercicios para la academia que antes lo empleó, atraviesa la ciudad de madrugada en su viejo automóvil Fairlane, mientras escucha a la Dama Griega, locutora de radio que acoge vía telefónica a desquiciados noctámbulos -el más notorio es el Vampiro, hematófago confeso e irredento- y a los discípulos del Arca, fanáticos religiosos que interpretan la debacle urbana imperante y el mal clima como seña de una futura inundación apocalíptica. (SIGUE EN EL PRIMER COMMENT) (ULTIMO MINUTO EN PUERTO AZÁNGARO BAYLY Y LA PIRATERIA)

22 Comments:

Blogger DINTILHAC said...

(SIGUE)

Santiago no solo efectúa estos trayectos laberínticos (de hecho, el giro a la izquierda es una acción perpetua en su camino, en lo que hace caso a la vieja tradición clásica para salir de laberintos), sino porque está hastiado de sus caseros - que viven enclaustrados por miedo a los asaltos-, y carece de mujer, amistad o algún tipo de refugio humano para atenuar su incapacidad de dormir; está harto de lo mismo, pero también resignado. Una noche, Santiago encuentra a Pablo Montes, borracho mal herido en una gresca callejera al que conduce en un acto de caridad irreflexivo a la posta médica más cercana. El hallazgo de la billetera de este, con la foto de la hermosa Sonia, hija del herido, a quien acaba de entregar a un esperpéntico servicio médico, redefine su circuito nocturno y el encuentro con la chica lo involucra en la búsqueda de Montes, quien ha desaparecido sin dejar rastro, presuntamente secuestrado, de donde se le dejó.
Homenajes y parentescos

Aunque el esquema del insomne que encuentra al borracho cuya hija redefine la rutina y, a largo plazo, la vida del protagonista puede entenderse como un motivo de filiación dostovyeskiana (mucho de reconstituyente tiene la presencia de Sonia en la vida de Urday, como sucede entre sus presuntos equivalentes en Crimen y castigo), El fondo de las aguas no es una historia que refiera pecados espantosos ni ademanes desmesurados de redención; más bien, integra algunas parodias serias -homenajes- a los autores del panteón personal de Peter Elmore (Lima, 1960): los chiquillos que hurgan en la basura nos proponen a los protagonistas de "Los Gallinazos sin plumas", cuento memorable de Julio Ramón Ribeyro; la casa señorial arruinada de Sonia y la instalación repentina en ella de Urbay a partir de una pasión espontánea convocan el caserón de los Vidal Olmos en Sobre héroes y tumbas; todas incrustaciones orientadas a edificar el ambiente decadente de la novela negra y de una ciudad sin nombre, víctima de un exacerbado deterioro, suerte de puzzle de lo peor de la Lima contemporánea, donde malvive su aventura este improvisado "detective" (de facto, pero sin autoconciencia de ello).

Elmore, notable crítico, a quien se deben mucho de los mejores estudios sobre literatura peruana hechos en Estados Unidos (además de su brillante contribución a la comprensión de las narrativas nacionales en su ensayo La fábrica de la memoria), concibe una novela que, aunque bajo el auspicio de tamaños referentes, resulta a la saga y ancilar dentro del marco de la narrativa peruana última, en cuyas imágenes de ciudades ficticias y Apocalipsis de agua se inscribe por vocación o inesperada coincidencia. Su urbe de puertos miserables y autopistas inimaginablemente trajinadas se une al Busardo que Iván Thays trasuntara a partir de la Alejandría de Lawrence Durrell a mediados de los noventa (El viaje interior), al pueblo serrano de fanáticos y delirantes de Luis Hernán Castañeda (Hotel Europa), de progenie mixta -vargallosiana y bellatiniana-, y al barrio de jóvenes iluminados, niños tarotistas y profecías apocalípticas de Alexis Iparraguirre (construido caleidoscópicamente en los cuentos de El inventario de las naves), que debe tanto al Boom Latinoamericano como al ánime y al cómic negro. Sin embargo, la ciudad de Elmore parece descolocada y anacrónica respecto de sus congéneres. Unos años antes, hubiera resultado novedosa; ahora, sufre de hipertrofía; se ve desequilibrada frente a sus pares más eficaces y sugerentes.

Turista en la ciudad

El casco urbano de Elmore no conjura chifladura tras chifladura de fanáticos como el pueblecillo simbólico de Castañeda, ni entiende que cada peripecia es una revelación y un engaño como en el barrio de Iparraguirre (aunque los locos, el agua y los sueños no sean escasos en la imaginación de nuestro autor). La urbe de El fondo de las aguas resulta sorprendentemente fallida desde el mero ámbito técnico. El narrador omnisciente del libro filtra nuestro conocimiento través de los ojos un hombre descreído, víctima del atarantamiento del insomnio, pero que es -inexplicablemente- atento y minucioso en su percepción de caras, gestos y encrucijadas. Aunque lo sabemos aburrido y escéptico, pareciera que viera por primera vez la ciudad, cuando en su condición de perpetuo vagabundo noctámbulo nada debiera serle extraño. Contra la verosimilitud que el mismo narrador propone, Urbay se detiene a comentar el declive del urbanismo, el deterioro de los edificios, la inutilidad de cualquier gesto humano, como si se tratara del ojo de una cámara extranjera obsesionada por escrutar la decadencia. No se percata -no quiere percatarse- de que tal estado lo conocemos desde el primer vistazo, que sus repasos detallistas diluyen cualquier resabio de interés en una narración idéntica a sí misma y que, por tanto, no necesitamos ni queremos seguirla. La pregunta resulta obvia: ¿cómo -sin ninguna prestidigitación psicologista post scriptum- Urbay puede estar harto y resignado a su hábitat y a la vez tan atento, tan escrupulosamente atento para atender como un turista a sus rincones? Y por sobre esa paradoja, ¿por qué resultar minucioso -sin ninguna novedad o color que lo amerite (sin encontrar la seducción del detalle)- con miradas, gestos y especulaciones triviales si ello no tiene ninguna consecuencia en la trama? La única respuesta es una vocación de verismo cuyo objetivo pareciera concentrar la suma de impresiones e imágenes que gesta el modelo real de la ciudad imaginada -evidentemente, la ciudad de Lima- a fin de exhibir la naturaleza de esta a través del espejo deformante de la ficción. Para Elmore, la ciudad de Santiago Urbay (la urbe de Urbay) es crimen, miseria e indolencia; desempleo, prepotencia militar e impunidad de los poderosos. Desafortunadamente, esa perspectiva es un esquema que se agota en una ciudad redundante, víctima de información reiterada sin brillo, inflada de descripciones innecesarias y que, sobre todo en lo que compete a las dos primeras de las tres partes del libro, provoca dejarla de lado por tediosa y poco interesante.

Las pistas que nadie sigue

Precisamente, es el espesor gratuito de la ciudad lo que impide que el policial negro de Elmore -aquel que remite a protagonistas que se mueven al margen de la ley para resolver crímenes- alcance a producir sus propios mecanismos de suspense, a pesar de lo bien dispuestos que, en esbozo, parecen sus componentes: la mujer bella, el padre desaparecido, el hombre solitario sin futuro y un puñado de pistas. Cuando la parafernalia citadina -las casas, los edificios, la miseria- se interpone, consigue más que un efecto retardatorio en la novela; la desmadeja con planos, escenas y demás marginalia a tal punto que disuelve en ella cualquier expectativa de enigma o de búsqueda, hace parecer autoengañados a sus personajes puesto que, visto paso a paso, lucen con la parcimonia de no buscar nada, por más que declaren lo contrario y hagan muchos gestos en ese sentido. Aunque tal dilación propicie el desarrollo de la relación de pareja de Santiago y Sonia, repentina y estereotipada en sus diálogos de bar -que coquetea con un arquetípico y mal imitado flirteo de bar en un policial negro-, el efecto dilatorio solo sirve para forzar un final precipitado, donde el policial reemplaza abruptamente al retrato de ciudad y repentinamente se sacan de la manga conexiones interpersonales, intereses de grupo y un oligarca culpable apenas aterrizado en las veinte últimas páginas de la novela. Como es obvio, no se puede atribuir tal desequilibrio en el material narrativo a una concepción kafkiana de la investigación o a un pasajero descuido del narrador.

El fondo de las aguas posiblemente quiso apostar por radiografiar, a través de las herramientas del policial, las entrañas de un poder difuso pero ineluctable que articula la vida en sociedad en una ciudad ejemplar de la miseria latinoamericana. Pero no lo consigue por una lentitud surgida de la redundancia antes que de la profundidad o la variedad de la sinuosidad (no es hija de la Santa María de Onetti, como se ha querido decir) y mucho menos por las apreciaciones parafrásticas y cansinas de un Santiago seguramente aburrido de sí mismo (no es el comentarista meticulosamente articulado con un daimon corrosivo de Fogwill, el escritor argentino, con cuya narrativa se le ha querido emparentar). Más bien es una novela que no concilia intenciones con logros, pretensiones ideológicas con ademán estético. En este acápite, Ricardo Piglia, escritor y crítico como Peter Elmore, es un ejemplo a confrontar: defensor incansable de que la tarea del escritor es enfrentar las narrativas nacionales con una narrativa crítica de una potencia que intente una pelea de iguales con aquellas, consigue plasmar una cara de ese duelo en cada novela sin imposturas de tesis y con celebradas victorias artísticas. No pedimos eso a las historias de Elmore; solo nos atrevemos a sugerir que sean historias que aprovechen las posibilidades de una sapiencia demostrada y devengan en narraciones eficaces. En El fondo de las aguas, la escena ritual en que la pareja protagónica coloca flores a sus difuntos es una buena muestra de que una conjunción feliz entre el retrato de una urbe en crisis y la pertinente efusión de reflexiones y estremecimientos es posible. Esperamos, por ello, mejores entregas de quien sabe -por estudioso y crítico- el valor de una historia compacta, variada pero fluida, inteligente y sensible, sin fisuras ni excrecencias inútiles que la desmerezcan.

September 04, 2006  
Anonymous Anonymous said...

Por fin sacan una crítica interesante. Pese a los deméritos que el crítico aprecia en el libro, ha logrado también incitarnos a su lectura y a la de otros textos. Excelente.

September 05, 2006  
Anonymous Anonymous said...

Elmore sintetiza la misteriosa abundancia argumental de El enigma de los cuerpos y la estupenda construcción de personajes de Las pruebas del fuego, para llegar a una historia tan ágil como lúcida y reflexiva. Si una idea subyace a todo el relato, es la noción de extrañeza: la sensación de una íntima impropiedad, de una íntima desubicación, de una íntima impertinencia del protagonista ante los hechos -cada vez más intrigantes- de su propia vida.

Es un libro inusual en nuestra narrativa, una ficción que tiene sus raíces muy dentro de un terreno eminentemente intelectual y libresco, pero que se expresa en un relato vital, personal, emotivo. Una novela que hay que leer.

September 06, 2006  
Anonymous malcolm x said...

Excelente noticia la de la publicacion de Elmore. El enigma de los cuerpos es una buena novela, aunque presentada como policial pareciera, como toda buena novela, expandirse y tocar muchos temas con ese protagonista con visos autobiograficos, por otro lado no concuerdo con la vaca profana cuando dice que es una novela que le va a la saga a otras de la narrativa peruana actual.

September 06, 2006  
Anonymous Anonymous said...

De hecho esta novela es una de las más esperadas, los antecedentes del autor avalan la creación de una expectativa en los lectores. Sin embargo discrepo en el hecho de que las novelas de Peter Elmore sean autobiográficas, en el sentido que solemos ver en la narrativa peruana. Los protagonistas no son alter egos del autor, pero sí reflejan maneras de leer y de auscultar la topografía de la ciudad. En todo caso las veo como modulaciones de la figura del lector y el escritor, no como versiones autobiográficas del autor.

September 06, 2006  
Anonymous Anonymous said...

Es increíble. Tocan a su maestro y al toque salen sus defensores: Salas, Faverón, etc. Es imposible no notarlo: se percibe en el fraseo, en el léxico, en el tonito de falsa seriedad.
He leído la novela porque tengo un pata que trabaja de corrector en Peisa y puedo decir, con absoluta sinceridad, que es una de las peores novelas que me ha tocado leer en mi vida. Es más, no pude terminarla; se me cayó de las manos.

September 06, 2006  
Anonymous malcolm x peruano se pregunta said...

¿Qué cosa mantiene viva durante tanto tiempo en nuestra literatura la nostalgia de la Colonia? No por cierto únicamente el pasadismo individual de los literatos. La razón es otra. Para descubrirla hay que sondear en un mundo más complejo que el que abarca regularmente la mirada del crítico.

La literatura de un pueblo se alimenta y se apoya en su substratum económico y político. En un país dominado por los descendientes de los encomenderos y los oidores del Virreinato, nada era más natural, por consi-guiente, que la serenata bajo sus balcones. La autoridad de la casta feudal reposaba en parte sobre el prestigio del Virreinato. Los mediocres literatos de una república que se sentía heredera de la Conquista no podían hacer otra cosa que trabajar por el lustre y brillo de los blasones virreinales. Únicamente los temperamentos superiores -precursores siempre, en todos los pueblos y todos los climas, de las cosas por venir- eran capaces de sustraerse a esta fatalidad histórica, demasiado imperiosa para los clientes de la clase latifundista.

La flaqueza, la anemia, la flacidez de nuestra literatura colonial y colonialista provienen de su falta de raíces. La vida, como lo afirmaba Wilson, viene de la tierra. El arte tiene necesidad de alimentarse de la savia de una tradición, de una historia, de un pueblo. Y en el Perú la literatura no ha brotado de la tradición, de la historia, del pueblo indígenas. Nació de una importación de literatura española; se nutrió luego de la imitación de la misma literatura. Un enfermo cordón umbilical la ha mantenido unida a la metrópoli.

Por eso no hemos tenido casi sino barroquismo y culteranismo de clérigos y oidores, durante el coloniaje; romanticismo y trovadorismo mal trasegados de los biznietos de los mismos oidores y clérigos, durante la República.

September 06, 2006  
Anonymous Anonymous said...

"Por eso no hemos tenido casi sino barroquismo y culteranismo de clérigos y oidores, durante el coloniaje; romanticismo y trovadorismo mal trasegados de los biznietos de los mismos oidores y clérigos, durante la República."

Completamente de acuerdo con ese malcolm x y peruano, refiriendome a esta última novela de Elmore, cordón umbilical de la metrópoli.

September 06, 2006  
Anonymous Anonymous said...

La vaca me llama la atencion en eso de q otras novelas (la de thays y castañeda) superan en la apuesta de una ciudad sin nombre la dinamca de la nov de Elmore. No veo como. La novela de CAsta. como la 1ra son apuestas que caen con mucha facilidad en el manejo de la herramienta pero la herramienta nunca se sabe para que se maneja. Mientras q en las nov. de Elmore siempre se sabe para donde se apunta. Ademas, es acaso posible que sea inutil hacer una nov con una ciudad sin nombre sin caer en la falta de originalidad pues antes se ha hecho de un modo muy diferente entre la del sr busardo y su discipulo. Eso es limitar las cosas y dar una version muy facil.

September 06, 2006  
Anonymous lector estafado said...

¿Ágil? La novela de Elmore es tan agil como Salas corriendo en tutú los cien metros planos para alcanzar una piernita de pollo kentucky. Exigimos a los administradores de puerto el hueco que revele los IP de esos "admiradores honestos" de Elmore. Yo la compré por curiosidad y ya la vendí en Amazonas

September 06, 2006  
Anonymous casaubon said...

Consulta off-topic:

A Mirko Lauer le atribuyen dos novelas que firmó con otro nombre. Una es "Polvora para gallinazos", pero no se cual es la otra, si es que existió.
¿Algún dato, dintilhacos?

Casaubon

September 06, 2006  
Anonymous La flecha de la saeta said...

Jajaja El rabino ya respondió a la vaca en puerto el hueco desde la proverbial seriedad de "me da la gana". Le metió de paso una chiquita al libro de Iparraguirre. Ya son varias. Si es cuestión de enumerar autoridades (porque en ese juego ha entrado Facherón) habrá que decirle que los cinco jurados de premio PUCP que fueron sus profesores y su hermano del alma Castañeda no piensan como él respecto del librito de Iparraguirre (libro que yo sí disfrute, no como otros que siguen envidiando los diez mil dólares del premio). ¿Cuál es el problema con Iparraguirre? ¿Es personal? Que saque chaira de una vez el judío y lo secunde Salas (que no disentirá una vez más). Respecto de la novela de Elmore que no he leido ni pienso leer, debo decir que el argumento de Facherón, este de compararla con la efectividad de un cuadro cubista, tan pero tan ideosincrásico que solo Elmore, él y los que el diga o se le sumen pueden disfrutar, me ha recordado el argumento con que Bedoya defendía a la película de su pata Tamayo, el Bien esquivo, que era tan pero tan buena que era como el traje nuevo del emperador: solo los inteligentes pueden disfrutarla (y ya sabemos que el famoso traje no existía). Estimado don Gustavo, deje de "coralizar" la literatura: no piense que, porque algo que se inventa suena a "inteligente", "intelectual" o "artistico" refiere a algo en particular y así va a cambiar la calidad de la novela de su amigo Elmore, y que además los legos somos tan estúpidos que vamos a aceptar a pie juntillas sus palabras por su tonito de cura incendiario. Moderación, Inquisidor, que usted solito se quema

September 06, 2006  
Anonymous Ex de somos said...

Oigan: los enlaces que hace Facherón a supuestas reseñas a El Fondo de las Aguas no son reseñas sino cherries, entrevistas y, en el mejor de los casos, resúmenes. La única reseña, la de Ágreda, la considera ahí nomás, como que las dos novelas anteriores fueron mejores. Fahceron está canonizando solito como loquito. ¿Por qué ah? ¿Le duele tanto que su maestro sea mal novelista? (Bueno, todos sabemos que eso de su maestro es solo estrategia del judío; en lo íntimo se dice: "Elmore sabe más, pero solo son años. Ahorita envejece y yo le clavo el puñal". No lo sabremos los de somos.

September 07, 2006  
Anonymous Anonymous said...

Facherón es un lector veloz. Leyó la edición de Peisa entre lunes en la tarde y la primera hora del miércoles. ¿Donde andan los señores de Guiness?

September 07, 2006  
Anonymous lector atento said...

Aquí está un fragmento del libro abstracto (qué querra Facherón decir con eso) de Iparraguirre. ¿Con un adejetivo y un complemento indirecto ("escasa coherencia interna") fundamenta sus opiniones porque alguien no es su amigo? Ese no es crítico, sino payaso. Hagase la puñeta con lo abstracto que viene:

" El señor Linares sacó del pantalón embarrado su sexo, pendiente y sarmentoso, que adquiría tensión por momentos. No quiso andarse con miedos de joven. Se tendió sobre ella y se deshizo calentándole los sentidos, los sesos, la grupa. La tempestad era el aire. La volteó y se le subió como un perro, meneando el pubis con el frenesí de un poseso. Adoptó un ritmo que iba en aumento, ajustado de pronto con el chubasco, como si se estuviera montando a la tormenta, adentro y afuera, y su glande hinchado vivaqueara dentro de ella, quebrantándole la vagina, el intestino, el ano, todo."

September 07, 2006  
Anonymous Anonymous said...

Asu madre, Iparraguirre no es abstracto, pero sí es más huachafo que Leonidas Carbajal. ¿En qué circo le han enseñado a escribir a ese gordito?

September 07, 2006  
Anonymous Anonymous said...

Bueno, entonces saquen su línea sobre cómo será Elmore si, según el rabino, es visceral

September 07, 2006  
Anonymous Anonymous said...

jajaja q payaso eres corral y ya cambia de estrategia q esos post de kloaka y lo de los israelis esta mas aburrido q la m....

September 07, 2006  
Anonymous Anonymous said...

¿Qué saben estos puertoelhuequistas? ¿Qué chucha se han creído? La única experiencia que tiene este cabrón de Iparraguirre, autor del puerto basura y para concha premiado por la PUCP y El Comercio, es montar intrigas y atacar sin dar la cara. Y así, con sus diez lucas auspiciadas por el decano, tiene la concha de hablar de mafias. Puta, me cago de risa. Iparraguirre no es más que un falso apostol más, un ídolo de barro, un pedazo de mierda.

September 07, 2006  
Anonymous Anonymous said...

Calma, Iván, se te salen las almorranas, ups

September 09, 2006  
Anonymous Anonymous said...

No es Iván, es Page. Estoy seguro. Solo él escribe tan mal: confunde conectores.

September 09, 2006  
Anonymous Anonymous said...

No es ni Page ni Iván, es la gorda Salas que está furiosa porque le han tocado a su montoya y asesor de tesis. La "collerita" de Boulder, Colorado (a la cual se acaba de unir la nena Castañeda) cierra filas y se deshace en arañones y jaladas de pelo, apenas alguien se mete con alguno de ellos.

September 09, 2006  

Post a Comment

Links to this post:

Create a Link

<< Home