Wednesday, August 16, 2006

¿ESTANDARIZANDO A CAICEDO?

ENTIENDO LO QUE RODRIGO parece esperar (o augurar, o acaso sólo desear) es el advenimiento de escritores que atenten radicalmente contra la norma, o contra la normalidad. Pero primero habría que entender cuál es esa norma, si es que existe, y detectar si acaso no es trasgredida en infinitos puntos cada día, por diversos escritores, no con la espectacularidad de lo experimental, no con una muy evidente subversión formal (de esas que, ciertamente, nunca han ganado concursos literarios, ni aquí ni en ninguna parte), sino con el contrabando de unas poéticas, unas estéticas, unos trasuntos ideológicos que poco tienen que ver unos con otros y entre los cuales es casi imposible detectar una normalización o una estandarización abarcadoras. Difícil desear la llegada de un Caicedo que lo tansforme todo cuando sabemos que Caicedo, tan envejecido de pronto como están hoy sus libros, fue tan díscolo en su obra como idiosincrásico, hasta el punto de no engendrar una descendencia. Como Pablo Palacio en Ecuador, Mario Levrero en Uruguay o Juan Emar en Chile. Más productivo parece leer lo que tenemos en librerías y, sin desmerecer a quienes ganan premios internacionales, aprender a ver la enorme diversidad existente en nuestras letras, sin necesidad de salir para ello del mercado local.

15 Comments:

Anonymous Anonymous said...

No. ¡Estereotipando a María Kodama!, la Yoko Ono de Borges. Todos los seguidores de Paul McCartney le están cayendo encima a la pobre porque dizque se ha adueñado de la obra inmortal de don Jorge Luis, cuando la misma debiera ser patrimonio universal, como quieren los franceses. Qué mala es la Kodama en la imaginación de Thays: celosa, envidiosa, autoritaria y hasta fanfarrona por eso de su pinta zen. No más le faltan las navajas escondidas en los calzones y los frasquitos de cianuro en la cartera de mano. Cuídate Iván, que con los poderes que le atribuyes a la pobre mujer, te va a visitar a medianoche para jalarte las patas...

August 16, 2006  
Anonymous Anonymous said...

Christopher Logue dijo...
Lo objetable en lo escrito por Gustavo Faveron, es el ensayar una crítica a lo sostenido por Rodrigo Quijano, sacando sus declaraciones de contexto. Cuando él afirmaba que: "¿Es correcto pensar que la literatura peruana vive un gran momento por los premios que acaba de acumular, o es más correcto pensar que acaba de ser amaestrada (o incorporada, para decirlo más amablemente) por el canon editorial español? No me cabe duda de que gran cantidad de libreros y lectores están de contentos; pero, a diferencia del viejo boom, que era diverso, hay algo estandarizado en el lenguaje y en la conceptualización de lo que se ha de narrar en esta literatura".

No es correcto ensayar algunas afirmaciones sobre las ideas de Quijano desvinculandolas de su crítica a las últimas novelas que obtuvieron sendos premios literarios en España. A fin de cuenta, Quijano, apunta en especial a ellas.

Pero, admitámoslo, Faveron hace un seguimiento interesante sobre la literatura hispanoámericana después de Boom. Lo que no se puede extender dentro de sus apreciaciones, es la idea de que Quijano afirmé que en nuestra narrativa última no existan discursos y estéticas disímiles, como el bien certifica: Luis Hernán Castañeda, Mario Bellatin, Peter Elmore, Iván Thay... sólo para nombrar a algunos; eso no está en discución y ciertamente Faveron sé que lo entiende así.

Más allá de las diferencias que existen dentro de la escritura de algunos escritores jóvenes y su congeneres, o, de autores de otras generaciones que aún siguen escribiendo, lo que está claro es que las novelas que se piensan confrontan lenguajes y estéticas viejas, no lo son en absoluto; y pensar que las novelas premiadas en el extranjero son algunas de ellas es de una falta de visión desconcertantes.

August 16, 2006  
Anonymous ex de somos said...

¿Què te cuesta mencionar postivamente en tu lista de autores peruanos a Daniel Alarcòn, Alexis Iparraguirre o Carlos Gallardo, Gustavo? ¿Seràn que no son tus amigos y a ellos no les haces publicidad gratis?

August 16, 2006  
Anonymous Anonymous said...

(chicos no se olviden que esto fue lo que contesto facheron)

Gustavo Faverón Patriau dijo...
Alexis Iparraguirre me parece un estilista interesante, pero creo que sus cuentos suelen perder dirección y convertirse en excusas para el ejercicio lingüístico. A Carlos Gallardo lo he leído poco, pero creo también que ha escrito poco...

August 16, 2006  
Anonymous Anonymous said...

Si alguien admite que ha leido poco a cierto autor, entonces su juicio sobre el mismo carece de seriedad.

August 16, 2006  
Anonymous Anonymous said...

Claro, por eso Faverón no da una opinión sobre Gallardo...

August 16, 2006  
Anonymous cliente de la cafeta de letras said...

Facherón habla que para él existe variedad ideológica, digamos en un sentido laxo del término (como tiene cada fibra de su cuerpo para abodecer los mandatos de sus ex jefes y apadrinar jóvenes que se le abren de piernas por su tonito de cura en púlpito y amistad con Peter Elmore, dispensador de becas de doctorado). Pero eso es una trivialidad. Cada ideosincracia personal puede ser denominada ideológica si nos manejamos en esas coordenadas. Si mi vecino redacta adecuadamente y ha leido algo más que Coquitó trasuntará una peculiaridad ideológica en momento de escribir. Como se ha vuelto habitual en Facherón se ha inventado un pretexto para decir algo polémico que levante la audiencia de su blog y al páramo en que se ha convertido quipu (eso existe?). En ello sigue Oquendo que lanza boutades para animar el aburrimiento de su vejez con alguna cochinadita instigada por por su columna. Facheron debiera entender que no va a poder canonizar a sus amigos sin gracia con virtudes inexistentes, expurgadas por su intelecto de vendedor de indulgencias. el punto es simple: cuando se lee a sus amigos nadie se está peleando con el libro, nadie está dejando un pedazo de intelecto o de carne en él; salvo en el mejor Castañeda (el de Casa de Islandia) y unos dos más, uno se persuade poderosamente de que está perdiendo el tiempo. Entonces, creo que el judío -que ahora incurre sin verguenza en la práctica thaysiana de publicidad a cambio de amistad - malentiende poderosamente su labor crítica. Es peor que Luis Aguirre, a quien ajustició públicamente por una reseña tendenciosa, puesto que al menos Aguirre se toma el trabajo de ser tendencioso. Facherón decide de modo inexplicable que solo existe el mundo de sus amigos y, además, es tendencioso por omisión (menos chamba). Curiosamente, son los excluidos quienes presentan características muy destables en el tereno estético y, en ciertos casos, -aquí se aprecia con claridad el sesgo de Facherón- comparten lo mejor de alguno de los nombres valiosos citados por el judío. Sin ir muy lejos, Carlos Gallardo -el gnomo infernal que no deja dormitar a la censura rabinica- escribió Parque de las Leyendas codo a codo con Luis Hernán Castañeda. Unos dicen que es mejor incluso que Casa de Islandia, pero lo que interesan en la imagineria de Facherón son sus amigos. Hay que recordar que si algo "convirtió" a Casa de Islandia en un buen libro fueron los espaldarazos elogiosos de Iván Thays y Cueto, los únicos descarados, que ya habian contactado a Castañeda y emprendido su proceso de adoctrinamiento. Facherón recoge a Castañeda del kinder de dos personajes despreciables, deshonestos y empeñados en las pompas mutuas con un fervor digno de mejor causa. Eso es lo que verdaderamente distingue y separa a Castañeda de Gallardo y eso es lo que lo hace elegible para Facherón, crítico deshonesto; no es un asunto de calidad literaria,que en ambos existe.
En la Católica, por otra parte, se sabe, que el gordo Alexis envió su libro de cuentos completo a Facherón cuando reinaban buenas relaciones entre ellos -el judío era un silencioso doctorando en los hielos más recónditos del norte y no reclamaba ninguna parte en la torta publicitaria de la agencia cultural- y en ese entonces el gordo citaba con orgullo -ingenuo el cojudo- que sabia que el "único crítico de revista que respetaba" habia dicho que si alguna opinión tenía que dar del libro esta era positiva. Ahora debe de habérsele caido la cara por bocafloja con el comentarito de Facherón en Puente Aéreo. Es bien chistoso porque, curiosamente, la trivialidad de indicar juegos lingüísticos en un escritor con más razón se le puede atribuir a Castañeda. Casi ninguna historia de Casa de Islandia tiene desenlace y devaría en lirificaciones y juegos de palabras. Plop! . Al César lo que es del César y al gordo Alexís lo suyo: si Alarcón encarna una cima en el realismo joven, El inventario de las naves está bien paradito como para encabezar el género fantástico. Y eso lo dice RGV ¿O ya no lees a tu maestro, Facheroncito, y piensas que es un cerebro de nuez, como tu colega Thays? Acláralo pronto porque voy y lo digo al tío que pensaba incluir tu cuentito del Dominical en su próxima antología del cuento peruano. ¿O prefieres que en lugar de eso salga tu prólogo lambiscón a los Cuentos Completos de Ampuero en Alfaguara? Claro, ahora que Iparraguirre y Gallardo parecen oponerse a tus dictados de corrección política los minimizas. ¿Dónde la objetividad? ¡Que llamen a los sabios de Sión!
Y curiosamente, esos dos escritores, junto con bombardero gutiérrez y Castañeda, son los más dificiles de reducir a explicaciones previsibles o sacadas de la botamanga de la crítica; son dificiles no solo por sus recursos artísticos -aunque no ilegibles, como pretendía Luis Aguirre- y son de una ideología intensamente esquiva a la vez que de una psicología placentera en su despliegue intrincado e inesperado. Esos son buenos libros
y no los de la mayoría de los amigos de Facherón que se complacen en previsibles melodramas de salón o en tragedias pauteadas por las ciencias sociales o por el psicoanálisis lacaniano, suerte ventrilocuos sin brillo, pero con correcta ortografía y respuestas para sacarse 20 en un curso de cualquier academia adocenada. Eso es lo que usted llama variedad ideológica, señor judío. Si es así, Quijano gana la partida

August 16, 2006  
Anonymous Anonymous said...

O sea que para que un libro sea juzgado bueno debe ser escrito por alguien que no sea amigo de Gustavo.

August 16, 2006  
Anonymous Anonymous said...

Catañeda es bueno, independientemente de Gustavo, parece que quiere decir el cliente de cafeta. No te metas a efectuar la típica reducción al absurdo que plantea la contradicción por oposición radical, mi querido descontextualizador de ventana (y del primer piso nomás). En esto gastas tu beca!

August 16, 2006  
Anonymous Anonymous said...

(chequeen esto más)

Gustavo Faverón Patriau dijo...
¿Ningún peruano? Sí, dos: Ezio Neyra y Luis Hernán Castañeda (quien en este instante está sentado en una sala de espera del aeropuero Jorge Chávez, a punto de dar inicio a su vida de estudiante de doctorado en los Estados Unidos: buena suerte en Colorado)

August 16, 2006  
Anonymous Cholo Claudio said...

Ahora resulta que lo de "izquierda caviar" es un invento de la derecha. Si desde los años setenta existía el término "revolucionario de café". ¿No encierran la misma idea? Y si esto es invención de la derecha, pues desgraciadamente la derecha tiene razón. No es requisito tener una casa en un balneario y pregonar desde allí ideas progresistas para hacerse miembro de la izquierda caviar, en realidad ni siquiera hace falta tener casa propia, puedes vivir en la de tus padres y ser todavía rabanito. Lo que define a un miembro de la izquierda caviar, desde mi punto de vista, es el haber llevado una vida "limpia", sin ningún compromiso riesgoso; una vida tranquila, marcada de vez en cuando por un sobresalto, una bravata, una colerita reflejada en un libelo contra Alan García, Ollanta Humala, Alberto Fujimori o Alejandro Toledo. La izquierda caviar es una izquierda marina con sabor a huevo de pescado, una izquierda de ceviche ruso, adornada de algas y caca de los desagues de Lima. Faverón y Salas piden nombres. Aquí hay dos: Faverón y Salas. ¿Qué tal? Trelles menciona las casas en Asia; a Viruta y Capulina hay que mencionarles las universidades norteamericanas, desde donde se critica con tanta comodidad y entusiasmo.

August 17, 2006  
Anonymous Anonymous said...

(esto dijo trellez)

-¿Y el Perú de hoy cómo lo ven los intelectuales?

-Me causa perplejidad, por ejemplo, ver a los intelectuales supuestamente progresistas del Perú pensando en la realidad nacional desde sus casas de playa en Asia. Para mí Asia es una vergüenza nacional. Y Casandra habla un poco de eso, habla un poco del racismo que viene de la burguesía. Me parece escandaloso, por ejemplo, que haya un escritor como Jaime Bayly que escriba que la gente del Ande no sabe votar porque no le llega el oxígeno a la cabeza. Eso me parece de un racismo feroz. Yo creo que eso habla un poco del estado del país. Es vergonzoso.

Hace poco hubo una "polémica" de criollos y andinos y el asunto era ese, el espacio.

–Yo escribí la novela en el año 2003. Cuando surgió la polémica, dije me quemaron la película. Esta polémica creo fue importante, más allá del nivel, que fue bajo, porque ha dado lugar a algunos cambios. Por ejemplo, veo escritores, no sé si bien o mal llamados andinos, que están saliendo en algunos medios. Antes eso no se daba. Yo sí creo que esta polémica ha ayudado a aligerar un poco el acceso a los medios.

August 17, 2006  
Anonymous Anonymous said...

Facherón ha leido a toditos los narradores jóvenes en discusión y a veinte más. Como Thays, se está especializando en hacerse el cojudo.

August 17, 2006  
Anonymous Rafo Leon (en: Tiempo de Plage) said...

LOS PLAGIARIOS

escribe EL CHATO

Los plagiarios son comunistas de la mente, anarquistas del copyright, cooperativistas en expansión de la propiedad intelectual.

Su lema, cuando se ponen clásicos, es “nihil novi sub solem”, o sea que no hay nada nuevo bajo el sol y si tú me prestas tu crónica yo la puedo chancar y si no me la prestas también la chanco y si me prestas un capítulo y me apellido Bryce (y tengo la anuencia de la culturita limeña, la que plagia al New Yorker y cree que Carver es tremendo escritor) pues te devoro con ganas, con puntuación te como y le pongo mi nombre al banquete de gorra y encima me hago la víctima (entre hipos), la víctima dos veces (más hipos), que conmigo no se mete El Comercio, que plagia desde el siglo XIX.

Y con ese cuento de que no hay linderos ni tarjetas de propiedad ni patentes sino la patente de corsario a la que te lleva el ocio y la cumbiamba, los plagiarios matan a los corderitos del diario decano y luego salen a decir, misma China Tudela, que se olvidaron de citar correctamente cuando fue la crónica entera la que se tiraron y lo que tenían que hacer no era citar sino pagar.

Y pedir perdón por conchudos porque ni la Maripi ni la Martha son capaces de hacer eso que hizo la China cochina y ahora me pongo a pensar si la Tudela no será también un secuestro creativo, una choreada genial de algún personaje insinuado por Billiken en un número perdido.

El plagio es un arte que no conoce de imitadores sino de profesionales. En el caso que comento (el de Lima Bizarra), la cosa ha quedado al descubierto por presión de los plagiados y no por la voluntad del periódico para el que tres de ellos colaboran.

Porque aquí el plagio no mata sino que engorda, no descalifica sino que engrosa la hoja de vida de la sinvergüencería y los miembros de la culturita (la que festeja los hipos) son diestros en tapar a los suyos y en echarle arena a la pichi del gato.

–Qué buen criollo –parecen decir los pares de Alonsito Alegría, que plagió a los malos y por eso parió ese defecto llamado El puente sobre el Niágara, que es su más importante contribución a la historieta del teatro, al vodevil involuntario y al ridículo universal.

–¡Se la hizo, qué bueeena! –parecen decir las culturosas que creen que el tal Thays es crítico de libros cuando en realidad es tenedor de libros, mermelero de oficio, cantamañanas por la noche y tebeciano tan sólo en apariencia (felizmente).

Si te robas una bicicleta, vas preso. Pero si te robas el capítulo de un libro, como hizo Bryce con Morote, y lo publicas a toda página en El Comercio, aquí no pasa nada porque El Comercio se encarga de cubrirte y tu fama de limpiarte y la claque que te aplaude de enfadarse y ahuyentar al contralor, o sea a la división de delitos contra el patrimonio de la PNP.

Cuando un libro se convierte en cuerpo del delito, cuando un artículo deviene prueba judicial, estamos ante esa atribución de lo ajeno llamada benévolamente plagio.Hay escritores que viven de ese cuento y pasan años saqueando ideas, volteando parrafadas, borrando huellas y cosiendo sus collages de juzgado de guardia con tanta minuciosidad que da ganas de aplaudirlos.

Sus libros son monstruos con tornillos en el pescuezo, miembros venidos de distintos cuerpos (de redacción) y andar prestado. Como aquí pocos leen y la crítica, con un par de excepciones, es un asunto de amigos y una trata de blancas, nadie lo denuncia y el tipo se la pasa de “préstamo” en “préstamo” hasta la última letra de su “producción”.

En un país que mendiga para levantar una biblioteca nacional que, una vez levantada, no atiende al público por falta de presupuesto, es lógico que el crimen cultural no esté tipificado y que Indecopi sólo sirva mayormente en los casos en los que el cogotero es una empresa y el botín un logotipo o algo por el estilo.

Y no estamos hablando de minucias. En Argentina, en el 2001, se movieron 120 millones de dólares por derechos de autor. Claro, Argentina pertenece a la civilización, a pesar del peronismo y de Videla, y Perú está, en cultura, al nivel de Bunga Unga, que es un país que no existe pero que es imperativo inventar para mandar allí de embajadora a la prologuista que autografía los libros que introduce.

Evelin Sullivan nos recuerda en un libro que el autoengaño tiene para Freud una base médica y no moral y que es inevitable para todos los seres humanos pero protagónico en la neurosis. Esto puede ser un atenuante pero no una disculpa, porque en nombre de la neurosis no puedo llevarme la moto del señor de enfrente diciéndome que es mía.

Es curioso, por lo demás, que la palabra plagio tenga al mismo tiempo el significado de secuestro criminal o rapto. O sea que si la banda de los destructores secuestraba empresarios, la banda de la China se lleva a punta de pistola nueve mil caracteres de aquí, once mil setecientos de la granja vecina y dieciseis mil de la de más allá y sale de la escena del crimen dando vivas a Zapata y chupando a pico un ron de combina.

O sea que la editorial de Lima Bizarra queda como reducidora porque compra lo robado y encima lo vende como si fuera la biografía de San Rafael. Y es curioso también que las excusas para la consumación de ese delito en su nivel literario siempre sean las mismas.

Una vez acusaron de plagio al mediocrísimo Alfredo de Musset y él contestó: “Nada pertenece a nadie, todo pertenece a todos; y es preciso ser ignorante como un maestro de escuela para forjarse la ilusión de que decimos una sola palabra que nadie haya dicho antes. Hasta el plantar coles es imitar a alguien”. Va para ti, China.

Distinto fue el caso vergonzonsísimo de Ramón de Campoamor, famoso poeta romántico español. Como nos lo recuerda Vicente Vega en su Diccionario Ilustrado de Anécdotas, en 1836 Campoamor fue acusado con pruebas de haber entrado a saco en la obra de Víctor Hugo y haberse llevado de tan vasta hacienda por lo menos “un centenar de frases, pensamientos y sentencias” del insigne francés.

Campoamor confesó su falta y jamás pudo blanquearse la reputación. Bueno, es que la España de 1836, aunque en plena decadencia, todavía era un país donde la ética algo tenía que ver con la creación y donde la inteligencia solía estar distante del hampa. Aquí no.

August 17, 2006  
Anonymous Anonymous said...

si de algo puede estar seguro el chato es de que jamás, nunca, alguien le va a plagiar un texto. Qué manera de escribir hasta las huevas !!

August 17, 2006  

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